¿Por qué me duele? Una guía para entender el dolor
El dolor es una de las experiencias más humanas que existen, pero también una de las más malinterpretadas..
A menudo pensamos que el dolor “viaja” desde una zona lesionada hasta el cerebro, como si hubiera vías específicas y dedicadas al dolor.
Sin embargo, el dolor no se transmite directamente por los nervios: lo que viaja es información de posible amenaza, y es el cerebro quien decide si eso debe sentirse como dolor.
¿Qué Detecta Realmente Nuestro Cuerpo?
En nuestro cuerpo no hay “receptores del dolor”. Lo que sí existen son receptores sensoriales capaces de detectar:
cambios de presión o estiramiento,
variaciones de temperatura,
sustancias químicas que aparecen cuando un tejido está irritado o inflamado.
Estos receptores envían al sistema nervioso información nociceptiva, es decir, señales que indican que podría haber un daño. Pero esa señal no es dolor todavía; es solo un aviso para que el cerebro evalúe la situación.
Cómo se Construye el Dolor en el Cerebro
La experiencia del dolor ocurre en tres pasos claros:
1. El aviso inicial
Cuando algo puede ser dañino (como un golpe, un esguince o un corte), los receptores envían una señal eléctrica hacia la médula espinal.
2. La “centralita” de la médula espinal
Al llegar a la médula espinal, estas señales pueden:
amplificarse,
reducirse,
o incluso bloquearse parcialmente.
Es como ajustar la intensidad del mensaje antes de que llegue al cerebro.
Importante: aún no existe el dolor, solo información de peligro que está siendo modulada.
3. El cerebro evalúa la situación
La señal asciende al cerebro, donde distintas áreas trabajan juntas para decidir si realmente estás en riesgo. Esta red se conoce como Matriz del Dolor.
El cerebro no solo analiza la señal física, sino también:
tu estado emocional,
tus experiencias pasadas,
tus creencias sobre lo que te ocurre,
el contexto.
Si interpreta que hay peligro, genera la experiencia del dolor para ayudarte a proteger la zona afectada.
El Cerebro También Puede “Frenar” el Dolor
Al igual que puede intensificar el dolor, el cerebro también tiene la capacidad de modularlo a la baja. Esto sucede mediante la llamada modulación descendente, un sistema que envía señales desde el cerebro hacia la médula espinal para disminuir la transmisión de peligro.
Este mecanismo explica por qué:
cuando estás distraído, te duele menos,
el estrés o la preocupación aumentan el dolor,
sentirte acompañado o seguro reduce la molestia.
Las emociones, la atención y el contexto influyen mucho más en la experiencia del dolor de lo que solemos imaginar.
Factores que Aumentan o Reducen el Dolor
El dolor no depende únicamente del estado del tejido. Aunque una lesión, una infección o un proceso inflamatorio pueden iniciar la señal de peligro, la intensidad final del dolor está influida por varios factores que actúan de forma simultánea:
Inflamación y sensibilidad aumentada
Cuando existe inflamación, el cuerpo libera sustancias que sensibilizan los receptores de la zona, haciendo que reaccionen más fácilmente.
Esto provoca que:
estímulos suaves generen molestia,
la zona esté más reactiva,
el umbral del dolor sea más bajo.
Es un mecanismo protector: el cuerpo te advierte de que esa área necesita descanso. Pero si la inflamación se alarga, esta sensibilidad también puede mantenerse durante más tiempo del necesario.
Estado emocional
El sistema emocional está estrechamente conectado con los mecanismos del dolor.
La ansiedad, el miedo y el estrés activan áreas cerebrales que amplifican la señal, aumentando la percepción dolorosa.
Por el contrario, la calma, la sensación de seguridad y el acompañamiento pueden reducirla.
Interpretación, creencias y experiencias previas
Tus experiencias pasadas, tus expectativas y lo que crees que te está ocurriendo influyen directamente en cómo el cerebro evalúa la situación.
Interpretaciones catastrofistas (“esto será algo grave”) amplifican el dolor; interpretaciones realistas y basadas en seguridad tienden a disminuirlo.
Contexto y atención
La atención es un modulador clave:
Cuando la atención está puesta en otra actividad, el dolor suele disminuir.
Cuando te concentras en el dolor, tiende a intensificarse.
Todos estos factores interactúan entre sí, por eso dos personas con la misma lesión pueden sentir un dolor muy distinto o una misma persona experimentar variaciones importantes en su dolor según el momento y el contexto.
La Acupuntura: Un Ejemplo de Modulación del Dolor
La acupuntura puede ayudar porque actúa en varios niveles del sistema que regula el dolor:
Activa el “freno” natural del cerebro, aumentando la liberación de endorfinas y otras sustancias moduladoras.
En la médula espinal, introduce un estímulo que compite con la señal original, reduciendo su intensidad.
A nivel local, mejora la circulación y contribuye a modular la inflamación del tejido.